lunes, 4 de julio de 2011

Una rosa soñaba día y noche con la compañia de las abejas, pero ninguna acudía a posarse en sus pétalos.
Sin embargo, la flor seguía soñando: durante sus largas noches, imaginaba un cielo en el que volaban muchas abejas, que acudían, cariñosas, a besarla. De ese modo, conseguía resistir hasta el proximo día, cuando volvía a abrirse con la luz del sol.
Una noche, al enterarse de la soledad de la rosa, la luna preguntó:

- ¿No estás cansada de esperar?

- Tal vez, pero necesito seguir luchando.

- ¿Por qué?

- Porque si no me abro, me muero.

"En los momentos en que la soledad parece menoscabar toda la belleza, la única forma de resistir es seguir abierto"

Paulo Coelho.